domingo, 14 de julio de 2013

13/7/13

Parafraseando a Elisabeth Kübler-Ross, a pesar del dolor y de la crudeza, encontramos la esencia de lo bello también en cada historia temprana. Lo bonito de trabajar con esta belleza, es que además del aprendizaje que conlleva, acabamos siendo testigos excepcionales de momentos vitales en la biografía de las compañeras con las que tanto compartimos cada día.

Lo cierto es, que no sé muy bien cómo nos las apañamos para cerrar cada curso con mayor intensidad emocional que el anterior y éste, con la boda de C. como protagonista, no podía ser menos.

                   

Hasta la pizarra del vestuario, acabó sucumbiendo la semana pasada al anuncio del momento histórico...



Nuestro regalo más protocolario, llegó en forma de un bouquet de flores algo particular (que se note que en este centro hay Terapia Ocupacional y la motricidad fina la tenemos bien desarrollada)...



...y el más emotivo, plasma en un collage algo que nos caracteriza a cada una recogido en nuestras manos. Este último me parece muy entrañable, porque las manos transmiten mucho y creo que, de alguna manera, es una preciosa metáfora de que C. puede contar con las nuestras para darle apoyo incondicionalmente.


En un primer momento, no tenía pensado escribir nada para este 13-J porque quería disfrutar al máximo el día sin tener la presión de leer y echarle un pulso a mi pánico escénico. Pero 48 horas antes de la boda, A. y E. me pusieron esta carita y no pude resistirme:


Aunque el tema discurso lo dejamos para el final...

Después de muchos nervios y de todos los preparativos, por fin llegó la fecha elegida por C. y R. para declarar su amor al universo entero delante de las personas que más quieren: el 13 de julio de 2013.
Medio Limón, que está convencido de que trabajar con nosotras es más divertido que en Google, no dudó en apuntarse al jolgorio (previo visionado recordatorio de tutoriales varios en YouTube para llevar el nudo de la corbata impecable) y condujo con la mayor dignidad posible, un coche decorado para la ocasión con alegres gerberas de colores.


Durante el trayecto hasta el lugar donde se celebraba el enlace, L., E. y yo íbamos ansiosas por descubrir qué nos depararía el atardecer y comentando que era increíble la cantidad de anécdotas que puede llegar a generar una boda. Sin ir más lejos, acabamos descubriendo días antes que la famosa bloguera Drew y L. son amigas de la infancia (¡!), cuando ésta comenzó a contarnos que conocía a alguien que se acababa de casar en Egipto y a mí la historia empezó a resultarme sospechosamente familiar. El mundo es tannnnnn pequeñito...

Cuando llegamos al Palacio del Negralejo, fuimos reuniéndonos poco a poco todas las compañeras entre exclamaciones de sorpresa y piropos por vernos vestidas como princesas y alejadas de la imagen de pijama sanitario que solemos mostrar habitualmente. Nos entretuvimos tanto, que cuando quisimos entrar en la ermita prácticamente ya no había sitio y nos situamos al fondo del todo. En mi afán de querer ver a la preciosa C., me subí a una tabla de madera olvidando por completo que sólo estaba sostenida por dos pequeños taburetes. Gracias al cielo, los pulmones enérgicos del coro rociero que recibieron a la novia, eclipsaron el tremendo estruendo que monté al caerme encima de Medio Limón mientras L. y E. se tiraban por los suelos de la risa. Aunque roja como un tomate, como quedé medio oculta en un extraño escorzo, algunos de los invitados no dejaban de mirar con severidad a Medio Limón, pensando que era él quien estaba motando semejante escándalo irreverente. Menos mal que los novios no se percataron de nada y la ceremonia pudo continuar sin mayores contratiempos.


A la salida, una lluvia de pompas de jabón, cintas brillantes y arroz en conos de galleta, recibió a los recién casados:


Tanto la zona de cóctel, como el jardín anexo al salón donde se hizo el banquete, estaban originalmente decorados con rincones mágicos que giraban en torno a la temática de las playas de Tarifa que tanto gustan a los novios (de hecho, la pedida de mano fue en una de ellas):


Photocall
Rincón para inspirarnos
Red de pescadores para colgar conchas con dedicatorias


Para descansar un poquito


Panecito rico hecho por el papá de la novia


En esta barca, nos subimos varios al filo de las 6 de la mañana, mientras L. contenía la respiración y no me quitaba ojito de encima temiendo que repetiera el desastre de la iglesia.

Unas mesas también muy cuidadas nos recibieron para cenar y hasta en los baños se notaba que C. no dejó nada al azar en un día tan especial:




Aunque algún girasol salió volando, para alivio y gozo de las que estamos convencidas de que organizando un evento así acabaríamos por brotar definitivamente, no fue necesario matarnos por esquivar el ramo, ya que la novia lo conservó en todo momento a su lado. Pero sí que tuvo el detalle de compartir con nosotras una monisituz (como diría la Madre Novata) de alfiler para que adornásemos nuestros vestidos:


La comida estaba tan increíblemente deliciosa, que prácticamente no me dio tiempo a hacer ninguna foto porque desaparecía de los platos a gran velocidad. Creo que el hecho de que los novios inauguraran el banquete con una conga bailona, hizo que todo nos supiera más rico todavía. Sólo tengo ésta del postre y ya con algún mordisquito:


Una vez más, pudimos disfrutar del talento de la madre del novio que en esta ocasión, lo dio todo en la boda de su hijo haciendo unos regalitos personalizados  y preparando unos espacios dignos de un cuento de hadas:








Los novios, abrieron el tiempo de baile haciendo unas coreografías estupendas que habían estado ensayando con una de nuestras psicólogas (que además es bailarina profesional) y después, los invitados nos unimos a una fiesta que se prolongó hasta el amanecer.

En estos momentos, una luna de miel maravillosa en Estados Unidos, espera a C. y R. para comenzar su nueva vida. Aunque estamos seguras de que, partir de ahora, las referencias temporo-espaciales irán en función de la boda de C., "esto fue antes de la boda de C.", "sucedió después de la boda de C.", "esa canción la bailamos en la boda de C.","cuántos girasoles había en la boda de C."... lo único que deseamos de corazón, es que sean todo lo infinitamente felices que merecen.

Para terminar, os dejo con las palabras que acompañaron la entrega del cuadro de las manos y aprovecho de nuevo para dar las gracias a todos los protagonistas de esta historia inolvidable, incluyendo a nuestras compañeras S. y B., que estaban muy lejos en la distancia, pero muy cerquita en el pensamiento. Con esto, el blog se va también de vacaciones, no sé si merecidas, pero sí muy necesarias...Un abrazo grande para todos.



Venimos al mundo tremendamente frágiles. Hasta que manejamos con soltura los sonajeros de colores o agarramos con picardía un mechón de pelo despistado, las manos de nuestros padres, nos protegen y miman con el cuidado delicado que el mayor tesoro del mundo merece. Son las mismas manos que curan los chichones propios de los primeros pasos y limpian con ternura las acuarelas de nuestros dedos cuando empezamos a ejercer como improvisados artistas contemporáneos.


Poco tiempo después, las manos amigas del colegio, toman el relevo para nutrirnos de experiencias y ampliar, más si cabe, nuestro repertorio de juego ilimitado. 


Más tarde, llega la universidad de la mano de las vocaciones, que con un poco de suerte, nos permitirán cumplir algún sueño y empezar a construir otros más grandes.


Mientras, van pasando por nuestro camino las manos realmente importantes que dan sentido a todo, las del amor verdadero.  Hasta que llega un día, en que una nos conquista de tal manera, que decidimos unirnos a ella el resto de nuestra vida. La  pareja protagonista, bien lo sabe…



Sin embargo, unas cuantas privilegiadas hemos tenido además, la inmensa fortuna de conocer también las manos de C. trabajando. Y éstas sí que son extraordinarias, casi diríamos que mágicas, porque consiguen convertir lo más sencillo, en lo más hermoso con una sola caricia.


Por eso hoy, compañerita preciosa, hemos pensado que el mejor regalo que podemos hacerte son, precisamente, todas nuestras manos. Porque aquí estarán para sostenerte, abrazarte y quererte siempre que lo necesites...



¡¡¡Muchísimas felicidades!!!
 




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